Una imagen vale más que mil acordes

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Ángel González
Demi Lovato desmiente en Vanity Fair las críticas del uso de Photoshop en la portada de su nuevo disco
Demi Lovato desmiente en Vanity Fair las críticas del uso de Photoshop en la portada de su nuevo disco

Es cierto, tal vez esta afirmación es algo exagerada y va a requerir de una cierta explicación. Una de esas que puedes hacer cuando eres algo sexista. No lo niego esto es políticamente incorrecto, pero no negaré que soy hombre y con el espíritu de los 80, una época donde el glamour predominaba en cualquier espacio socio-cultural y las mujeres eran objeto de miles de fantasías. Nadie negará el impulso que los medios audiovisuales tienen en el adoctrinamiento de los jóvenes y no tan jóvenes. Fue una afirmación que hizo Jon Bon Jovi en una entrevista o artículo en la revista Metal Hammer (o eso recuerdo yo): Es mejor ver a quinceañeras hermosas en primera fila antes que a hombres sudorosos. Yo me suscribo a esa afirmación.

Hoy en día no está visto ser tan sexista, aunque uno no puede evitar ser en esencia quien es. Es difícil luchar contra estereotipos establecidos cuando por una de las casualidades llega a tus manos el nuevo disco de Demi Lovato (no puedo negarlo escucho de todo que no equivale a decir que me gusta todo). La adolescente de Band Camp, se ha transformado en mucho más que una adolescente rebelde, ahora es un sueño húmedo en la mente de los adolescentes y no tan adolescentes. La portada de su nuevo disco da para mucho excepto para ser un aliciente musical. Demi entra en el circulo vicioso que ha llevado a Myle Cyrus a parecerse a una conejita Play Boy. Destacar que ahora muestra más carne la intérprete de Montana que la publicación para adultos legendaria, sí esa que nadie ve las fotos y la comprábamos por los artículos de profundidad. En este proceso han pasado desde Madonna, Britney Spears, Christina Aguilera hasta… bueno, digamos que todas las que buscan vender sensualidad antes que música para ganar fans, lo que equivale a dinero.

¿Qué sucede cuando lo interesante de esa portada erótico-adolescente pone en dudas las virtudes a mostrar y ha sido fruto del Photoshop? Pues nada que no sea premeditado. Primero desmentido por parte de la interesada con foto luciendo más carnes de la necesaria, segundo la publicidad añadida que no se logra con la calidad musical, tercero discusiones entres fans y detractores en Twitter u otras redes sociales. Un éxito de marketing que envuelve en círculo vicioso el mundo de la industria musical. No importa lo buen artista que seas siempre que aportes una pizca de polémica y un mucho de sexapil. En este sentido agradecer este proceso a la MTV por la transición a la que nos ha llevado. El disco no vale mucho, pero no importa ella está imponente y encima con foto (gratis en internet).

Recuerdo la primera vez que escuché la voz de Björk en aquel primer disco de los islandeses The Sugarcubes. Simplemente la voz de la islandesa me cautivo lo suficiente como para correr a comprar el disco. Aun lo conservo como una reliquia sagrada. No se me ocurrió fantasear con ese disco más allá de lo musical, y eso es lo que hacía grande al disco porque lo disfrutaba desde el primer acorde hasta el último, y me permitió descubrir a una de esas cantantes capaces de hacerte llorar solo con las armonías con lograba con su voz.

Lo preocupante es que con este formato actual gente como Aretha Franklin no habrían triunfado más allá de círculos musicales cerrados. Lo sé, más de uno dirá que me olvido de Adele, una mujer con un talento especial y que no aporta mucho a nivel sexual, y es cierto, aunque siempre hay la excepción que confirma la regla. La duda que me queda es cuánto durará la apuesta cuando deje de ser novedosa, porque estas artistas terminan siendo una moda interesante a la que modelarán para ganar el ausente sexapil.

Pero repito, soy un hombre que creció con el rock de los ochenta y con el glam rock que lucía infinidad de mujeres con esos bikinis estrechos y con la cinta de las caderas por encima de las cinturas. Mostraban esas piernas largas, esos pelos cardados y un deseo desenfrenado de suplir a Tommy Lee en el video casero con Pamela Anderson. Lo reconozco: ¡YO QUIERO SER UN ROCKERO GLAM REPLETO DE MUJERES Y GROUPIS!

Han pasado los años y no hemos recuperado la magia de sentir la sensualidad de unos acordes sin necesidad de imagen artificial. Hemos perdido el placer de hacer el amor a una mujer bajo el manto de los sonidos de Miles Davis en A Kind of Blue. Ahora queremos jóvenes semidesnudas que cantan como si salieran de un mismo molde y que son adictas a las redes sociales para sentirse amadas u odiadas. Tal vez ganemos en vista, pero perdemos en oído, y el placer es un sentimiento que entra por los poros de los cinco sentidos.