Grunge, réquiem por una generación perdida

Imagen de agonzalez
Ángel González
Scott Weiland (1967-2015)
Scott Weiland (1967-2015)

La muerte de Scott Weiland deja un poco más huérfana a una generación muy prometedora pero anclada en exceso en el pesimismo, la nostalgia y la falta de futuro. Un lastre con el que han vivido desde que se acuñó el término Generación X por primera vez en 1950 y que adoptaron para esos jóvenes que a finales de los años ’80 se veían alejados de alicientes que iluminaran sus vidas. Pero sí dejó un legado cultural importante. Musicalmente surgió el grunge, un movimiento nacido en la ciudad de Seattle y que junto al sello SUB POP se expandió al mundo entero dando a conocer a grupos como Nirvana, Pearl Jan, Soundgarden, Green River, Alice in Chains, Stone Temple Pilots, etc.

Podríamos citar a innumerables grupos que llenaron el panorama musical de esos primeros años de los ’90, y aun así nos dejaremos a demasiados. Pero el propósito de este artículo no es hacer un trivial de grupos grunge, tal vez sea más un recuerdo a una época de la vida de muchas personas que despertaron un día con una canción pegadiza incluido en un disco con la portada de un niño dentro del agua buscando un anzuelo, porque eso era el grunge, indiferencia por lo que pensaran los demás porque el futuro ni sabemos si llegará. Y bajo ese prisma lo vivieron muchos de los ideólogos músicales del movimiento nacido en Seattle.

El personaje más característico de esa generación fue Kurt Cobain. Un superventas que engrosó el famoso ‘Club de los 27’. Un icono socio-cultural que movió masas, dinero, popularidad y demasiadas portadas (musicales y no musicales). Su muerte lleva añadida las innumerables leyendas urbanas sobre las causas o la mano ejecutora. Añadir el legado musical y económico, y un etcétera de cosas que alimentaban la prensa amarilla cultural. Lo cierto que su muerte fue una lástima en lo humano (dejaba huérfana una hija que solo sabrá de él por la rumorología), pero lo fue en lo social. Muchas eran las voces que alertaba del extremo pesimismo e indiferencia de esa generación. Recuerdo que tras la muerte se recordaba el paralelismo que vivían Nirvana y Pearl Jam, y que después del suicidio (versión oficial de lo sucedido aquel fatídico 5 de abril) se intuía un posible acto similar en Eddie Vedder vocalista y líder de Pearl Jam. El tiempo ha desmentido a más de un agorero pues la vida de Vedder ha sido la que es y sigue siendo, tal vez no se muestre como la persona más feliz del universo, pero quién puede afirmar que los demás lo sean.

Lo que ha sido un lastre para esta generación han sido sobre todo las drogas. Sucumbidos en ellas, y con la depresión como compañera de viaje, muchos de estos músicos tuvieron que lidiar un mal eterno en la música. El eslogan ‘Sexo, drogas y Rock & Roll’ puede aplicarse a cualquier fórmula musical. Esa necesidad creativa de vivir una realidad paralela que les permite o evadirse o crear ha existido desde años inmemoriales. Hasta la ficción destacaba a un Sherlock Holmes adicto a la aguja, por una necesidad creativa o por escapar de la realidad. Así que el aliciente de la droga no fue exclusivo del grunge, pero si un ejecutor sin escrúpulos. Kurt se sumió en ellas incrementando sus problemas psicológicos, y como él podemos ver como se llevó a Layne Staley vocalista de Alice in Chains. El cantante nacido en la ciudad de Kirkland fue una de las voces más completas y versátiles del panorama rock. Sus letras desgarradoras combinaban a la perfección con la vida que llevó. Falleció con una apariencia física preocupante (44 kg) y rodeado de drogas. El destino quiso que fuera un 5 de abril, igual que si compañero de generación, pero 8 años después.

Ahora los excesos se han llevado a Scott Weiland. Un paro cardiaco consecuencia de esas drogas que nunca dejó. Sus trabajos iniciales en Stonte Temple Pilots serán recordados eternamente, incluso ese experimento de viejas glorias llamado Velvet Revolver y con la que no supo lidiar (curioso que ese hard rock y glam rock que tanto aborrecían los fans del grunge terminaran dando de comer a Weiland).

Años intensos para una supuesta generación con indiferencia a la vida, a la sociedad y al futuro. Un legado para generaciones y generaciones que han aprendido a vivir día a día a pesar de las dificultades de la propia existencia.