Los ‘Sangre sucia’, fans nacidos después de la muerte

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Ángel González
Photo Credit	UDR-music.com,	The	home of	Legends-
Photo Credit UDR-music.com, The home of Legends-

Es curioso como a pesar de los años y el tiempo que pueda pasar, en la música hay un fenómeno nacido después de la muerte. No se trata de hablar de la muerte sino de los efectos devastadores que el fallecimiento de un famoso causa en las mentes de todos los seres humano. Cuando vemos que uno de ellos ha pasado a mejor (o peor, depende de cómo se mire) vida hay un efecto domino que lleva a las personas a hablar del difunto sin importar el grade de conocimiento que se tiene de él.

Lo primero es suspirar reaccionando con incredulidad como si los famosos vivieran la vida eterna que tan desafortunadamente buscó Hernán Cortes. Olvidamos que la vida eterna de la música se produce por el deseo creativo de transformar sentimientos en canciones. Éstas después podrán ser mejores o peores, pero a fin de cuentas tanto unas como las otras sobreviven al paso de los años. Una vez se ha aceptado la realidad de las fases de la vida de todo ser humano, viene el momento de recordar su legado y es aquí donde uno puede percibir los matices más significativos. Existen en este proceso los incrédulos que desconocen quien es el icono fallecido, los que sienten la perdida como si les amputaran un brazo o los ´sangre sucia’ que aparecen como oportunistas del legado heredado.

Los incrédulos viven ajenos al acontecimiento porque en realidad no saben ni quien era ni por asomo sus canciones. Les hablas del personaje y es como contarles que es posible que haya agua congelada en Marte, entra dentro de lo posible pero no ha conseguido demostrarse esa posibilidad. Los amputado serán todos los que sienten desgarrada el alma, los que lloran al desconocido como si hubiera vivido los últimos años cama con cama, los que han perdido la virginidad musical (o no tan musical) con la suma de acordes y riff, los que han heredado las letras como poemas escritos de sus propias vidas, personas que creen que la vida humana se establece a partir de sus iconos, en definitiva el eterno FANático. Y por último tenemos a la fauna que nace como con la sangre manchada por la moda y la creencia de que si aceptas el legado de un ser ajeno a tu propia vida te permitirá acceder a la eternidad otorgándote las llaves del ‘Templo de los dioses de la Música’.

La muerte de Lemmy de Motörhead ha devuelto ese debate entre FANáticos y Sangre Sucia. Lees interminables notas de duelo de personas que han crecido con sus canciones, y de gente que nunca hasta ese día había escuchado un disco entero de la banda por ensordecedor. Un momento de duelo y admiración que se transforma en disputa por mostrar quienes pueden o no ser herederos de su legado. Recuerdo la primera vez que escuché un disco de Motörhead en casa. Era un adolescente que desconocía determinados sonidos a pesar que me adentraba en el Hard Rock y el Heavy Metal. Sus canciones me parecían bastante normalitas y como tales prefería a otras bandas. Con los años veía desde lejos la propia admiración de innumerables bandas de rock desde Lita Ford hasta Metallica, incluyendo a todo el panorama musical más metalero del espectro musical. Pensaba que tal vez si tantos admiraban al artista tan malo no podría ser, aunque seguía sin percibir en su voz un efecto cautivador.

El paso del tiempo, y algunos discos más maduros, me mostró que era una máquina de hacer Hard Rock sin aspavientos pero consecuente con la forma de ser de sus integrantes, sobre todo con la personalidad de su líder. Para los más puristas podría decirse que soy un ‘sangre sucia’, un personaje que le dio por escuchar y mostrar admiración al trío musical por las referencias de famosos y FANáticos. Tal vez sea cierto, pero sería injusto a la vez para el trabajo de la propia banda el hecho de limitar como únicos a los seguidores de los inicios, creando una falsa sensación que solo cuando se es joven e imprudente se puede ser creativo. Las bandas de música intentan trabajar hasta el último día, y con mayor o menor talento intentan crear sus mejores obras. Así lo hizo Johnny Cash, hace pocos días lo hizo David Bowie, en su momento lo realizó Freddy Mercury, y por último lo ha hecho Lemmy. No importa cuando alguien descubre a un artista que deja un legado, ni tampoco cuando le muestra admiración, todos y cada uno de nosotros deberíamos llegar a percibir en un instante de nuestra vida la esencia que desprende cada uno de ellos.

Más vale tarde… que nunca.